
Se dice que hace tiempo, en un pequeño y lejano pueblo, había una casa abandonada. Cierto día, un perrito buscando refugio del sol, logró meterse por un agujero de una de las puertas de dicha casa. El perrito subió lentamente las viejas escaleras de madera. Al terminar de subirlas se topó con una puerta semi-abierta; lentamente se adentro en el cuarto. Para su sorpresa, se dio cuenta que dentro de ese cuarto habían 1000 perritos más, observándolo tan fijamente como él los observaba a ellos. El perrito comenzó a mover la cola y a levantar sus orejas poco a poco. Los 1000 perritos hicieron lo mismo. Posteriormente sonrió y le ladró alegremente a uno de ellos. El perrito se quedó sorprendido al ver que los 1000 perritos también le sonreían y ladraban alegremente con él. Cuando el perrito salió del cuarto se quedó pensando para si mismo: ¡Qué lugar tan agradable... voy a venir más seguido a visitarlo!
Tiempo después, otro perrito callejero entró al mismo sitio y se encontró en el mismo cuarto. Pero a diferencia del primero, este perrito al ver a los otros 1000 perritos del cuarto se sintió amenazado ya que lo estaban viendo de una manera agresiva. Posteriormente empezó a gruñir, obviamente vio como los 1000 perritos le gruñían a él. Comenzó a ladrarles ferozmente y los otros 1000 perritos le ladraron también a él. Cuando este perrito salió del cuarto pensó: Qué lugar tan horrible es éste... nunca más volveré a entrar allí.
En el frente de dicha casa se encontraba un viejo letrero que decía: "La casa de los 1000 espejos"Todos los rostros del mundo son espejos. Decide cuál rostro llevarás por dentro y ese será el que mostrarás. El reflejo de tus gestos y acciones es lo que proyectas ante los demás. Las cosas más bellas del mundo no se ven ni se tocan, sólo se sienten con el corazón.
Autor desconocido
Escrito facilitado por Silvia Arroyo.



Corro tras tu respiración pero se escapa cuando jadeas. Disfruto cuando provoco su aceleración ¿Por qué te detienes? ¿Te gusta jugar a esconderte? Oigo como tus pasos sigilosos se deslizan con precaución para no despertar mi sed. Torpemente te has caído, “¡no te arrastres! Perturbas mi armonía… “. Quiero deslizarme hasta llegar a ti, agarrar tu tobillo, desencajártelo y que el aliento de tu grito me escupa a la cara. ¿Por qué no te revuelves? ¿No quieres huir? Se que disfrutas tanto como mi lengua lamiendo el interior de tu oreja, saboreando su amargor. ¿De verdad quieres saber por qué lo hago? Me revuelves las entrañas con tus preguntas, ¿por qué algo tan bello se convierte en un crimen con tus palabras? ¡No sonrías! La humedad en mi mirada me desconcierta.
