Ahumm ….ahumm ….ahumm….maldita tos… me acompaña en tantos despertares…entre bostezos y estiramientos alargo el brazo y con un crujido encuentro las gafas…,mis compañeras durante tanto tiempo. El comienzo del día se ha vuelto toda una proeza para mis pobres huesos, que recuerdos..- “Como me duele la raspa” – decía mi padre – “todo llega”-, y yo lo miraba incrédulo.Sin apetito, mi desayuno se limita a un poco de pan duro con leche hirviendo, suficiente para toda la mañana – “es la comida más importante del día” – cuantas veces lo habré oído..
Entre pensamientos sigo la rutina diaria que me lleva toda la mañana, asearme, vestirme, siempre las mejores galas, nada de ocasiones especiales..en un instante todo vuelve a mi memoria, esa colonia me devuelve tantos recuerdos…sin darme cuenta, me descubro ante el espejo con una sonrisa en los labios..como un chiquillo..feliz, así simplemente, feliz..
Echo un último vistazo y compruebo que todo esta orden, aun después de tantas veces siempre un último repaso, llaves, cartera, reloj, todo bien. La puerta se cierra con un crujido, (tengo que engrasarla), dos vueltas a la derecha y el tintineo de las llaves.
El viento arrecia en cada esquina y me resguardo con el cuello de la gabardina. Me encamino calle abajo, absorto en cómo ha cambiado todo, los arboles recién plantados ahora llenan las aceras de hojas multicolor, las casas del barrio han dejado su sitio a esos apartamentos modernos, tan grises...la taberna, bueno, esa sigue igual como yo, anclada en una época en que todo parecía mejor…
Tinto y tapa, como de costumbre.
Hoy las rodillas me respetan y me permito el lujo de repetir hasta tres veces...aun tengo que andar un buen trecho hasta el parque antes lleno de risas y jolgorio, de niños embarrados y llenos de chichones, palos, hojas, piedras y canicas, peonzas, trompos, combas y chapas…esta tarde me acompaña el graznar de los patos, el sonido del viento y el susurro de las hojas, unos besos apagados y unas risas quinceañeras..¡ja! de nuevo me sorprende en un instante mi reflejo en el estanque, al borde de la carcajada…
Tantos recuerdos..¿Han de ser felices para llamarlos nostalgia?
Ya es casi de noche y cojo el autobús para volver a casa, es uno de los últimos así que viene mucha gente, al menos tengo compañía hasta la última parada, las luces y las sombras se entremezclan al paso por las calles, las farolas dan tanta luz, y en un instante todo es oscuridad, y al siguiente momento todo es brillante, es hipnotizante.
Hay un nuevo conductor ,al menos nunca lo había visto, demasiado delgado a mi parecer, se le notan los huesos de las manos sobre el volante y la curvatura de la espalda bajo los hombros, uniforme impecable, eso sí.
Un golpe en el asiento me hace salir de mi ensueño y miro a través de la ventana, no consigo ver nada, espero hasta que los ojos se adecuen a la luz para ver el camino…pero no lo reconozco, me levanto a duras penas aunque para mi sorpresa sin dolor en las articulaciones y me adelanto hacia el conductor.
El autobús ya está vacío.
Cuando no estoy a más de un metro, alzo un poco la voz pero no se oye más que un susurro - ¿dónde estamos? – el conductor se gira sobre su hombro y me mira con unos pequeños y apagados ojos, hundidos en sus cuencas, siento un fuerte escalofrió recorriendo mis huesos como un chirrido, la piel se me eriza y al mismo tiempo me dedica una sonrisa seguida de una carcajada, -“es tu hora amigo mío….todo llega…”-
Escrito por Raul Garrido para el 1r Concurso Literario de Wtransnet.

Corro tras tu respiración pero se escapa cuando jadeas. Disfruto cuando provoco su aceleración ¿Por qué te detienes? ¿Te gusta jugar a esconderte? Oigo como tus pasos sigilosos se deslizan con precaución para no despertar mi sed. Torpemente te has caído, “¡no te arrastres! Perturbas mi armonía… “. Quiero deslizarme hasta llegar a ti, agarrar tu tobillo, desencajártelo y que el aliento de tu grito me escupa a la cara. ¿Por qué no te revuelves? ¿No quieres huir? Se que disfrutas tanto como mi lengua lamiendo el interior de tu oreja, saboreando su amargor. ¿De verdad quieres saber por qué lo hago? Me revuelves las entrañas con tus preguntas, ¿por qué algo tan bello se convierte en un crimen con tus palabras? ¡No sonrías! La humedad en mi mirada me desconcierta.


