viernes, 5 de diciembre de 2008

ZIPI Y ZAPE

Zipi y Zape son dos jóvenes profesionales que trabajan para el mismo jefe. Cierto día, el jefe planteó a cada uno de ellos un problema para resolver.

Zipi, hombre práctico, elaboró una solución, eliminó el problema e informó al jefe aquella misma tarde. Al jefe le alegró mucho que se hubiera solventado la cuestión, pero se dijo que no debía ser tan grave si Zipi podía liquidarla con tanta prontitud. Así que Zipi recibió unas palabras de cortés agradecimiento, y se consideró que se había limitado a cumplir con su obligación.

Zape, en cambio, era maestro en el arte de “hinchar el perro”. Había aprendido desde hacía mucho tiempo que para cosechar recompensas no hay que resolver los problemas, sino “analizarlos y darles trámite”. De manera que Zape abordó así su problema:

1. Crear un expediente. Cuando el jefe le preguntaba cómo estaba el asunto, Zape contestaba: -Estoy reuniendo documentación para el expediente.
2. Enviar a todas las personas imaginables un comunicado obtuso y poco concreto, para solicitar que colaboren mediante sugerencias por escrito sobre esta cuestión.
3. Contratar un asesor para estudiar el problema con detenimiento, tras lo cual se redactaría un extenso informe recomendando un estudio más profundo y un asesoramiento más amplio.
4. Nombrar un comité permanente que se reuniría con regularidad para discutir el problema y todas sus ramificaciones.
5. Convencer al jefe para que reúna en un fin de semana a todo el personal de la oficina en algún albergue acogedor, donde se discutiría informalmente la cuestión.
6. Seleccionar cuidadosamente un grupo de trabajo, constituido por los cuadros menos familiarizados con la cuestión y encargarle una investigación detallada.
7. Pasar orden al departamento de informática para volcar sus ficheros, sacar resmas de listados de todos los datos más o menos remotamente relacionados con el asunto y enviar copias a todas las personas afectadas.
Zape ha aprendido de memoria los consejos de James H. Boren a los burócratas formales:
a. Motiva, potencia, impulsa y solventa
b. Coordina, maximiza, reúne, implementa
c. Armoniza, optimiza, controla y computa
d. Dialoga, cuantifica, indexa y refuta

Lo más conveniente: ¿Por qué se comporta Zape de esta manera?. Una vez más, nos hacemos la pregunta mágica. Al reemplazar la acción por el análisis, Zape gana tres puntos a su favor:

1. No asume ningún riesgo.
2. Consigue destacar y establecer muchas buenas relaciones en toda la empresa.
3. Complace a su jefe. Este Zape es el líder del porvenir. Le dí un problema difícil de resolver y no ha dejado piedra por remover, apuesto a que serán más de cincuenta las personas que se han puesto en marcha por iniciativa suya.

Si crees que Zape está en buen camino para hacer carrera, te equivocas. Así no se aprende a tomar decisiones ni a emprender acciones. Tarde o temprano, el hábito de establecer la parálisis por el análisis hará que Zape quede marcado como uno que no sabe decidir, y que por consiguiente no vale como Dirigente.

En cuanto a Zipi, puede ocurrir una de estas dos cosas:

1. Que acabe por imitar a Zape, en vista de que el sistema parece premiar el comportamiento de este.
2. Que abandone la empresa en busca de un lugar donde se le reconozcan sus méritos.

En uno y otro caso, la empresa pierde.


¿Cómo está tu empresa?. Ahora preguntémonos: ¿La tuya es de las que recompensa, a los Zipis o a los Zapes?

Demasiadas empresas grandes padecen una escasez de empresarios y una sobreabundancia de caciquillos y jefecillos. Son dirigidas por gente que sabe celebrar largas reuniones, escribir informes, analizar datos y cifras y producir grandes volúmenes de papel, pero incapaz de elegir un rumbo de acción y mantenerlo. No obstante, atención, no estamos diciendo que la planificación, las previsiones y los análisis no sean importantes; lo que pasa es que muchos de nosotros, al parecer, hemos olvidado algo más importante todavía: la finalidad de toda organización consiste en obtener resultados.

Por lo anterior es importante conocer cuál es la cultura de nuestra organización, o cuál es la que están aplicando muchos jefes, porque quizás se esté transformando esta o requiere transformarse en una entidad productiva con acciones simples.

(Aparecido en la Red)

1 comentario:

Annaes dijo...

Cuánta razón tiene!
Con lo fácil que es dar con la solución, y a por otra cosa.

Siempre he creído que hay que hacer las cosas por tí, y no por los demás. Así nunca tendrás decepciones.